la voz rota.
—José Manuel fue la última persona que intentó protegerme cuando mi hermano quiso quitarme a mi bebé.
Sofía quedó inmóvil.
Miró a Don Chema.
—Papá… ¿tú conocías a mi madre?
El anciano comenzó a llorar.—Sí, hija.
—¿Desde cuándo?
Chema bajó la cabeza.
—Desde antes de que nacieras.
Las tres hermanas permanecieron paralizadas.
Sofía sintió que el corazón se le rompía.
—Entonces, ¿por qué me dijiste que me encontraste por casualidad?
Don Chema levantó lentamente la mirada.
Sus ojos estaban llenos de un dolor que había cargado