escena.
No se le había escapado absolutamente nada.
El general miró primero al coronel, aún en el suelo, y después fijó la vista en la joven soldado.
—De un soldado se espera respeto hacia sus superiores —dijo con calma—. Pero de un comandante se espera, ante todo, respeto por la dignidad de quienes están bajo su mando.
Un silencio sepulcral cayó sobre todo el recinto.
—La disciplina nunca le da a nadie el derecho de humillar a otro ser humano.
Aquellas palabras resonaron con más fuerza que cualquier orden militar.