VIP del aeropuerto. Diego me gritó desde lejos, amenazándome con que esto no se quedaría así y prometiendo que me arrepentiría de haberlos humillado de esa manera en público. No obstante, ignoré cada una de sus palabras, sabiendo que mi vuelo privado hacia la Riviera Maya salía desde una terminal ejecutiva en menos de cuarenta minutos.
Mientras atravesaba los pasillos iluminados, saqué mi segundo teléfono móvil y envié una señal directa a mi equipo bancario para proceder con el bloqueo total. La tarjeta de crédito adicional no solo quedaba cancelada
El precio del desprecio