El precio del desprecio

acercaba rápidamente con el ceño fruncido y su equipaje de mano rodando tras ella.
—¿Qué sucede, Diego? ¿Por qué esta niña está haciendo un espectáculo delante de todo el mundo? —intervino mi suegra, mirándome con un desprecio insostenible.
—Sucede, Doña Carmen, que el viaje para ustedes termina aquí si no tienen con qué pagarlo —dije, esbozando una leve sonrisa que la dejó sin habla por completo.
Sin darles tiempo a reaccionar ni a formular otra acusación, me di la vuelta y caminé a paso firme hacia la zona de salas