primera mitad.
El deseo completo era:
“Críalas hasta que puedan conocer la verdad sin que la verdad las destruya.”
Eso hicimos.
No perfectamente.
Pero lo hicimos.
Y cada vez que llegan aquellos lirios blancos pienso en algo que Emma me dijo años atrás.
Su madre no necesitaba que yo supiera todo.
Necesitaba que dijera sí.
Después se encargó de que, cuando llegara el resto, yo estuviera lista.