intentó primero impedir el divorcio.
Después quiso que sus deudas fueran consideradas parte de las obligaciones matrimoniales.
Sus abogados argumentaron que algunos compromisos financieros supuestamente habían beneficiado a nuestra vida familiar.
Pero los estados de cuenta demostraban lo contrario.
El dinero había ido a operaciones profesionales y garantías comerciales que yo nunca autoricé.
Mi herencia permaneció fuera de su alcance.
Cuando entendió que no obtendría acceso a ella, dejó de fingir.
Beatriz tampoco tardó en cambiar de discurso.
Una tarde consiguió llamarme desde otro número.
—Verónica, Mauricio va a perder