PARTE 1
—Estás agotada, amor. Déjame encargarme de todo… incluso de tu dinero —me dijo mi esposo mientras me acariciaba el hombro a las dos de la mañana.
Yo llevaba más de seis meses despertando así: con el corazón acelerado, la frente húmeda y una presión insoportable detrás de los ojos. A mi lado, Mauricio dormía con una tranquilidad que me producía envidia.
—Perdón por despertarte —susurré.
—No pasa nada, Verónica. Pero esto ya no es normal. Cada día estás más distraída.
Esa frase se había vuelto habitual.
Mauricio y