Debajo de mi cama solo había piso limpio y, probablemente, algún otro calcetín perdido.
Sonreí.
Mauricio creyó que si lograba hacerme dudar de mí misma podría quedarse con todo.
Al final perdió su matrimonio, su estabilidad y mi respeto.
Yo conservé el dinero.
Pero, sobre todo, recuperé algo que nunca volveré a entregar a nadie: