una larga recuperación y años viviendo fuera de Europa. Cuando Álvaro fue a recibirla a Barajas, Lucía lo vio correr, sonreír y abrazarla con las manos temblando.
Aquella imagen le enseñó la verdad: Álvaro no era frío. Solo había reservado su ternura para otra mujer.
Esa noche, Lucía colocó la demanda de divorcio junto al regalo tardío. Después leyó el correo de la aerolínea: traslado aprobado; salida el 17 de octubre; destino, Buenos Aires.
Faltaban 21 días.
Pensaba irse sin escenas, pero la familia Montenegro convirtió el cumpleaños de Clara