en peligro.
Pidió ver las grabaciones de la cámara instalada en la entrada.
El encargado encontró un sábado cualquiera.
Apareció el automóvil de Mauricio.
Él bajó.
Abrió la puerta trasera.
Camila salió brincando, feliz, tomó la mano de su padre y ambos caminaron hacia la bodega 47.
Daniela tuvo que sentarse.
Aquel hombre no había llevado a su hija a un lugar peligroso por accidente.
La había llevado una y otra vez.
Después fue al estacionamiento de la agencia de autos donde Mauricio trabajaba. Tenía una copia de la llave