Cuando mi hija confesó: “Yo tiraba las vitaminas de la abuela”, pensé que por fin entendía por qué había terminado en terapia intensiva. Aparté a mi suegra de casa y mandé analizar el frasco. El resultado decía que no tenía plomo. Entonces revisé la mochila, el tapete y una chamarra de los sábados… y descubrí un secreto que mi marido llevaba meses ocultándome.

Mauricio.

En él reconocía haber recibido el dinero de la venta del departamento de su madre, supuestamente “para completar la adquisición de una vivienda familiar”.

—También me engañó a mí —dijo Teresa—. Pero eso no me convierte en víctima de lo que le pasó a Camila. Yo era la adulta. Yo era médica. Debí hablar el primer día.

Daniela tomó los documentos.

—Ahora sí va a hablar.

Teresa la miró.

—Sí.

Daniela no volvió con Mauricio.

Presentó la historia clínica de Camila, los análisis, las muestras tomadas en su casa,