la idea de que amar a alguien significaba creerle siempre.
Pero Camila estaba viva.
Teresa había aprendido que proteger a un hijo adulto podía convertirse en traicionar a una nieta.
Mauricio había aprendido demasiado tarde que ningún dinero convierte un riesgo en algo aceptable.
Y Daniela había aprendido algo que deseaba enseñar a su hija durante toda la vida:
los secretos que protegen una sorpresa pueden ser inocentes; los secretos que protegen una mentira casi siempre terminan haciendo daño.
Antes de salir, Daniela miró la vela y susurró:
—Gracias. Creo