Cuando mi hija confesó: “Yo tiraba las vitaminas de la abuela”, pensé que por fin entendía por qué había terminado en terapia intensiva. Aparté a mi suegra de casa y mandé analizar el frasco. El resultado decía que no tenía plomo. Entonces revisé la mochila, el tapete y una chamarra de los sábados… y descubrí un secreto que mi marido llevaba meses ocultándome.

—Es para pescar —respondió Camila, quitándosela rápidamente—. Papá me enseñará después.

Al comenzar el verano, la niña cambió.

Dormía demasiado. Se quejaba de dolor abdominal. Se irritaba por cualquier cosa. Olvidaba lo que acababa de leer y sus calificaciones empezaron a caer.

El pediatra diagnosticó anemia y recetó hierro.

Pero Camila empeoraba.

Una noche, Daniela escuchó a Teresa discutir con Mauricio en el balcón.

—Ciérralo ya, antes de que sea demasiado tarde.

—¡Ahí está todo tu dinero, mamá! Si paramos ahora, lo perdemos todo.

Daniela pensó que hablaban de la