se burló de sus temores.
—Mi mamá fue pediatra, Dani. No es una loca.
—Precisamente por eso debería saber que no puede medicar a Camila a escondidas.
Después ocurrió algo más.
Daniela empezó a cubrir turnos los sábados en el laboratorio donde analizaba la calidad del agua. Mauricio aprovechaba para llevar a Camila “con su amigo Eduardo, a las afueras de la ciudad”.
Regresaban al anochecer.
La ropa de Camila olía a metal quemado.
Una vez Daniela encontró en el bolsillo de su chamarra una pequeña bolita gris y pesada.