respondió:
“Mariana, no soy médico. ¿De qué sirve que vuelva? No puedo abandonarlo todo para sentarme a llorar contigo.
Esa fue la última vez que le pedí algo.
Cuando volví a la habitación, mi padre abrió los ojos y preguntó:
“¿Ya viene Mauricio?”
Mentí.
“Sí, papá. Ya está en camino.
Mi padre murió esperando a un yerno que nunca apareció.
Y ahora, doce meses después, vi a ese mismo hombre ajustando delicadamente el pañuelo de Daniela, escoltándola hasta el ataúd, recibiendo condolencias junto a su madre y escuchando a los