Diez minutos antes de casarme, mi prometido me pidió que renunciara a la casa que yo había pagado

de novia, hay trescientas personas esperando y su madre valora demasiado las apariencias. Aunque sospeche algo, firmará para evitar el escándalo.

Un murmullo recorrió las mesas.

Daniel bajó del escenario.

—Emma, apaga eso.

No me moví.

La voz de él apareció en la grabación.

—Después de la boda será más difícil. Si la casa sigue a nombre de los dos, cualquier operación requerirá su firma.

—Por eso debes hacerlo hoy —respondió su madre—. Cuando ya esté casada contigo, ¿qué va a hacer? ¿Divorciarse por una firma?

Michael se rio.

—Y