volvería a pedirme que evitara el escándalo.
Pensé que me recordaría el dinero gastado, los invitados, la vergüenza.
En cambio, se colocó a mi lado.
—Mi hija no firmará nada.
La madre de Daniel abrió los ojos.
—Consuegra, no se precipite.
Mi madre la interrumpió.
—Deje de llamarme consuegra.
El salón quedó todavía más silencioso.
—Usted sabía cuánto dinero había puesto mi hija. Y aun así quiso aprovechar el día de su boda para presionarla.
—No fue así.
—Acabamos de escucharla.
Mi madre miró a Daniel.
—Y tú dijiste que