Diez minutos antes de casarme, mi prometido me pidió que renunciara a la casa que yo había pagado

trata del préstamo.

Lo miré.

—Se trata de que estabas dispuesto a engañarme antes de casarte conmigo.

Su expresión se volvió fría.

—¿Y qué quieres ahora? ¿Dinero?

El comentario provocó varias exclamaciones.

Yo lo observé durante unos segundos.

—Quiero mi casa.

—La casa también es mía.

—Tu aporte fue de trescientos mil.

—La compramos juntos.

—Entonces venderemos tu porcentaje o lo compraré.

—No tienes liquidez.

—Sí la tengo.

Aquello sí lo sorprendió.

Meses antes de renunciar a mi trabajo, había vendido parte de unas acciones que recibí como compensación laboral.