PARTE 1
—¿Quién es el hombre, mamá? ¡Dímelo de una vez! ¿Viniste a mi casa a cuidar a mi hija o a esconder un embarazo?
Todavía me duele recordar que esas palabras salieron de mi boca.
Mi madre, Rosa Martínez, tenía cincuenta y tres años. Llevaba casi una década viuda y, hasta seis meses antes, vivía sola en un pequeño pueblo de Puebla. Había venido a la Ciudad de México porque yo prácticamente le supliqué que me ayudara con Sofía, mi hija recién nacida.
Mi esposo Diego y yo estábamos