esfuerzo.
Cambié los muebles.
Pinté las paredes.
Convertí la habitación que iba a ser infantil en un despacho.
Volví a trabajar.
Una antigua colega me recomendó para un puesto de dirección financiera.
En la entrevista me preguntaron por qué había dejado mi empleo anterior.
—Tomé una mala decisión personal —respondí—. Y aprendí a no entregar mi independencia por una promesa.
Me contrataron.
Mi primer día llevé el mismo reloj que había usado en la boda.
No como recuerdo de Daniel.
Como recordatorio de que faltaron diez minutos para que yo