Trabajaba hasta doce horas al día y todavía aceptaba un segundo empleo porque temía volver a ser pobre con dos niños pequeños. La noche que mis gemelos de 9 años me recibieron con pasta quemada y dijeron “Hoy cuidamos nosotros de ti”, algo dentro de mí se rompió. Pero mi llanto cambió por completo cuando entendí por qué habían limpiado la casa con tanta desesperación…

irnos.

Laura levantó la mirada.

—¿De verdad?

—Claro —respondió Sofía—. Pero se enojó.

Ricardo había llegado esa tarde cuando los gemelos volvían de la escuela. Llevaba ropa cara, un reloj brillante y una camioneta nueva.

Los abrazó como si hubiera salido de viaje una semana, no desaparecido de sus vidas durante años.

Después tomó fotografías del edificio.

De la escalera.

Del refrigerador.

Incluso de las notas que Laura dejaba en la mesa.

—Dijo que eso demostraba que estamos solos —explicó Diego.

A Laura se le revolvió el estómago.

Aquellas notas