había podido asistir.
Pero abandono no era trabajar para alimentar a dos niños.
Abandono era desaparecer.
La mediadora pidió entrevistar a Diego y Sofía con personal especializado, sin ninguno de los padres presentes.
Laura aceptó.
Ricardo también, aunque parecía incómodo.
Cuando los niños salieron, Sofía corrió hacia su madre.
Diego caminó más despacio.
Ricardo abrió los brazos.
—Ven acá, campeón.
Diego no se acercó.
—No estoy enojado contigo, papá —dijo.
Ricardo pareció aliviado.
Entonces el niño continuó:
—Pero no quiero vivir contigo.
La cara de Ricardo se endureció.
—Eso es