años más viejo.
—Todo se salió de control —murmuró.
Laura lo miró sin responder.
—No quería quitarte a los niños de verdad.
Laura sintió una risa amarga subirle por la garganta.
—Viniste con un abogado a mi casa.
—Pensé que podíamos llegar a un acuerdo.
—Les dijiste que yo los abandonaba.
—Estaba desesperado.
—Les ofreciste computadoras y cuartos nuevos.
Ricardo bajó la mirada.
—Sé que estuvo mal.
—No. No estuvo mal. Fue cruel.
Por primera vez, Laura dijo en voz alta todo aquello que había guardado durante cuatro años.
—¿Sabes