antes.
Su suegra empezó a suplicar.
—Daniela, hija, dile que todo fue un malentendido. Mauricio estaba nervioso. Yo también. Somos familia.
Daniela salió al jardín, pero se mantuvo detrás del portón.
—Cuando me pegaste, no dijiste que éramos familia. Cuando le gritaste a tu hijo que me golpeara más fuerte, tampoco.
Beatriz quedó muda.
Mauricio levantó la voz desde la patrulla.
—¡Daniela, no hagas esto! ¡Me vas a arruinar la vida!
—No —respondió ella—. Tú elegiste lo que hiciste. Yo solo dejé de ocultarlo.
La patrulla se marchó.
Lorena tomó