PARTE 1
—¿Dónde están mis treinta mil pesos? Hoy es diez. No me digas que vas a dejar a tu suegra sin dinero por culpa de tus caprichos.
La voz de Beatriz atravesó la sala antes de que Daniela pudiera siquiera quitarse los tacones. Afuera, el calor de julio caía sobre la Ciudad de México como una plancha encendida; adentro, el aire acondicionado trabajaba a máxima potencia, pagado, por supuesto, con la tarjeta de Daniela.
Beatriz estaba sentada frente a la mesa de cristal con un conjunto de seda nuevo