no trabaja para él.
Se apoyó en la barra.
Yo dejé la taza y lo miré.
—Hay algo que no entiendo.
—Dime.
—Tal vez no te enamoraste de mí.
No respondió.
—Tal vez te enamoraste de lo que representé después de dos meses perdido. Una casa. Comida caliente. Alguien que te cuidó. Silencio. Eso puede confundirse con amor.
Rodrigo bajó la mirada.
—Pensé mucho en eso.
—¿Y?
—Al principio creí que tenías razón antes de que me lo dijeras.
—¿Antes?
—Cuando regresé a la ciudad.
Se quedó mirando la mesa.
—