Ocho meses después de nuestro divorcio, mi exmarido me llamó para invitarme a su boda… sin saber que yo acababa de dar a luz a su hijo.

Y si fallas, no vuelvas a aparecer sin avisar.

Camila, sentada al otro lado, levantó la cabeza. No había histeria, solo una decisión agotada.

—No voy a casarme este sábado —dijo—. No así. Diego, tienes que ordenar tu vida. Y yo necesito saber con quién estoy. —Me miró a mí—. No voy a descargar mi rabia contigo. Tú no me debes nada.

Ese “no me debes nada” me aflojó el pecho.

—Gracias —le dije—. Yo tampoco quiero enemigas. Solo quiero que esto sea maduro.

Volví a la habitación. Emiliano estaba