En una sala de audiencias de Ecatepec, el tiempo parecía haberse detenido. Chema, un conserje de manos curtidas por décadas de trabajo, enfrentaba la acusación más grave de su vida: haber cometido un robo millonario. A su lado, tres niñas a las que había criado como propias —Sofía, Valeria y Lucía— observaban conteniendo el aliento, aferradas la una a la otra como si su cercanía pudiera protegerlo de la sentencia.Comida latina
Una vida construida sobre el sacrificio
Durante años, Chema había vivido con lo justo. Su salario apenas alcanzaba,