Durante años había usado esa palabra contra sí misma cada vez que pensaba en ahorrar para su futuro o descansar un fin de semana. Ahora entendía que pagar sus propias necesidades antes de financiar las apariencias de otros no era egoísmo. Era administración básica de su vida.
Con el paso de las semanas, las consecuencias dejaron de parecer una catástrofe. La familia encontró nuevas pólizas, comparó presupuestos y repartió tareas. Nadie terminó en la calle. La casa no desapareció. Lo único que se derrumbó fue la ficción de que Phil