segundos frente a la casa.
Era evidente que verla en persona era distinto a verla en fotografías.
El porche.
Las ventanas.
El jardín.
Todo aquello que él y Chloe habían colocado durante meses en un futuro imaginario estaba ahora frente a él como el presente de su madre.
Eleanor introdujo la llave en la cerradura.
Marcus habló antes de que girara.
—¿De verdad era necesario comprar esta casa?
Eleanor mantuvo la mano en la llave.
—No.
Marcus pareció sorprendido.
—Entonces…
—No era necesario. La quise.
Y giró la