principio, pero inconfundible.
Tum-tum-tum-tum.
El corazón de mi bebé.
Me tapé la boca y comencé a llorar.
—Está vivo —dijo la doctora—. Vamos a vigilarlo muy de cerca. Usted también necesita atención y observación. No podemos asegurar todavía que no haya complicaciones.
Lloré como no había llorado desde que murió mi padre.
No sabía si mi bebé nacería sano. No sabía qué consecuencias tendría aquella pesadilla. Pero había escuchado su corazón.
Y mientras aquel sonido llenaba la habitación, hice una promesa.
Mi hijo jamás crecería creyendo que el amor significaba