miedo.
Nunca tendría que aprender a distinguir entre una orden y una caricia.
Nunca tendría que suplicar para que lo trataran como a un ser humano.
Cuando la doctora salió, una policía se acercó a mi cama.
—Señora Daniela, hemos recuperado su teléfono. Los audios están guardados. También hemos asegurado la carpeta que su esposo intentó retirar.
—¿La han abierto?
—Hemos empezado a revisar su contenido. Hay documentos que tendremos que investigar con especialistas.
Tragué saliva.
—¿Puedo saber qué encontraron?
La agente dudó un instante.
—Encontramos documentos relacionados con su