todo había sido un simple problema matrimonial.
—Javier, déjala ahí —murmuró Teresa.
—¡No me digas qué hacer!
Mariana, que unos minutos antes se había reído mientras yo luchaba por mantener la cabeza fuera de la tierra, retrocedió hasta chocar contra la mesa del jardín.
—¿Qué hay en esa carpeta? —preguntó.
Javier se volvió hacia ella.
—Cállate.
Aquella palabra pareció romper algo dentro de Mariana. Se llevó las manos a la boca y comenzó a llorar.
Yo quería gritarles que dejaran de discutir. Quería decirles que mi bebé apenas se movía,