LA CARPETA QUE MI ESPOSO ESCONDIÓ BAJO LLAVE: LA VERDAD QUE CASI LE CUESTA LA VIDA A MI BEBÉ

que tenía la garganta seca y que ya no sentía bien las piernas. Quería suplicar que me sacaran de allí.

Pero no podía desperdiciar las pocas fuerzas que me quedaban.

La operadora seguía hablando desde el teléfono.

—Señora Daniela, las unidades están cerca. Necesito que permanezca tranquila. ¿Puede decirme si hay alguien con usted?

Javier intentó apagar el celular.

No pudo hacerlo a la primera porque tenía los dedos cubiertos de barro.

—¡Contesta! —me gritó, como si todavía pudiera obligarme a obedecer.

Lo miré directamente a los ojos.

—Estoy aquí —