culpa. Porque te aíslan poco a poco y terminas pensando que no tienes salida. Y porque tener miedo puede hacer que hasta las decisiones más sencillas parezcan imposibles.
Le tomé la mano.
—Pero quiero que recuerdes algo: nadie tiene derecho a lastimarte para enseñarte una lección. Nunca tienes que ganarte el respeto de una persona obedeciéndola. Y si alguna vez alguien te hace sentir que no puedes decir que no, puedes pedirme ayuda. No voy a quererte menos por contarme la verdad.
Mateo me abrazó.
Entonces comprendí que aquella conversación