reconstruido mi vida.
Y había comprendido que una familia no se define por lo que esconde para proteger su apellido, sino por la manera en que trata a quienes más necesitan protección.
A veces, cuando veo a Mateo correr por el jardín, recuerdo aquella voz que escuché desde la terraza:
—Una esposa que sabe obedecer nunca termina enterrada en su propio jardín.
Ahora sé lo que debí haber respondido.
Una mujer no necesita obedecer para merecer respeto.
No necesita guardar silencio para merecer amor.
Y no necesita demostrar su sufrimiento