ante el mundo para tener derecho a vivir libre.
Aquella mañana, Javier me enterró para enseñarme a obedecer.
Pero, sin saberlo, enterró también el último miedo que me mantenía a su lado.
Y cuando la tierra se apartó de mi rostro, no solo volví a respirar.
Volví a ser dueña de mi vida.
FIN.