La noche en que mis amigos intentaron convertirme en el público de una broma, terminé conociendo a la mujer que cambiaría mi vida.
Ellos pensaban que iban a ver incomodidad, risas nerviosas, quizá una excusa para irme temprano.
Pero no esperaban que Emma Collins fuera la persona más interesante de toda la mesa.
Me llamo Adam Reed, tenía 34 años y llevaba suficiente tiempo soltero como para que todos a mi alrededor actuaran como si mi vida amorosa fuera un problema comunitario.
Mi hermana me mandaba perfiles.
Mis compañeros hacían