Parte 2: La verdad que mi padre se llevó a la tumba

pequeña anotación escrita en el margen, casi borrada por el paso del tiempo.

Un nombre.

Isabel.

Y una fecha.

El día exacto en que mi padre murió.

En ese instante comprendí que la carpeta negra no era el final de la historia.

Era el principio.

Porque, si Ricardo decía la verdad, la mujer que podía destruir todas sus mentiras no era Valeria.

No era Beatriz.

Ni siquiera era yo.

Era Isabel, la hija que mi padre había mantenido en secreto.

Y alguien llevaba años asegurándose de que jamás nos encontráramos.