pieza decorativa o de una reparación realizada posteriormente.
Sin embargo, formaba parte del diseño original.
Cuando se cerraban las tijeras sobre la mecha, una de las hojas cortaba el extremo carbonizado.
El fragmento desprendido quedaba recogido en el pequeño recipiente metálico.
Esto resultaba especialmente importante porque los restos podían conservar calor.
Si caían sobre un mantel o una superficie delicada, podían provocar daños.
Algunos modelos también incorporaban pequeñas patas que permitían apoyar la herramienta sobre una mesa.
Por lo tanto, su forma particular no era un capricho del fabricante.
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