mano, mientras otro apuntaba con la linterna hacia la abertura. Cuando el cerrojo cedió y las puertas oxidadas se abrieron con un chirrido, los oficiales avanzaron unos pasos en la oscuridad… y quedaron sin palabras.
Lo que había dentro del galpón
Las linternas iluminaron decenas de ojos brillando en la penumbra. No eran personas. Eran perros. Muchos perros. Algunos flacos, otros heridos, varios tan ancianos que apenas podían mantenerse en pie. Entre ellos caminaban gatos, y en un rincón había dos ciervos asustados que alguien había rescatado tiempo atrás.
Ninguno