mostró agresividad. Al ver entrar a Lidia, todos comenzaron a mover la cola y acercarse a ella.
—Señora… ¿cuánto tiempo lleva haciendo esto? —preguntó uno de los policías, bajando la linterna.
—Casi tres años —respondió ella, secándose los ojos.
Un refugio hecho con amor y chatarra
Ovidiu finalmente comprendió: toda esa carne era para los animales. Lidia contó que, tras la muerte de su hijo, no había podido soportar ver animales abandonados en la calle. Comenzó con dos perros. Después fueron cinco, luego diez, y así siguieron llegando más.
El