de venganza. Solo comprendí una verdad que la vida suele enseñar tarde o temprano: el dinero perdido puede recuperarse, pero las consecuencias de traicionar a quienes te tendieron la mano siempre terminan alcanzándote. El verdadero karma no fue perder una casa ni enfrentar problemas económicos. Fue darse cuenta de que, por 25.000 dólares, habían destruido la confianza de una persona que los habría ayudado toda la vida.
Mi hermana me rogó que la ayudara. Un año después descubrí quién era realmente