de apenas cinco años, me observó con sus enormes ojos marrones.
—Que el tío Roberto se acuesta en tu cama cuando tú trabajas.
Intenté sonreír.
—¿Y quién te dijo eso?
Ella bajó la voz.
—Mamá me dijo que no te contara porque te pondrías triste.
Durante unos segundos no pude hablar.
Roberto era mi mejor amigo desde hacía más de veinte años.
Habíamos crecido en el mismo barrio.Comida latina
Habíamos compartido cumpleaños, vacaciones y momentos difíciles.
Era el padrino de mi hija.
Y mi esposa, Mariana, lo conocía prácticamente