Mariana se acercó y se arrodilló junto a nosotros.
—Valentina, me equivoqué al pedirte que guardaras ese secreto —le dijo—. Puedes hablar con papá y conmigo cuando algo te preocupe.
Nuestra hija nos observó.
—¿El tío Roberto se va a curar?
Nos miramos.
No queríamos hacerle promesas que no podíamos garantizar.
—Los médicos están ayudándolo —respondí—. Y nosotros vamos a acompañarlo.
Valentina permaneció pensativa.
Después preguntó:
—¿Puedo hacerle un dibujo?
Sonreí.
—Claro que sí.
Aquella tarde dibujó tres personas tomadas de la mano.
Una era Roberto.
Otra era ella.
Y