aire.
—¿De verdad?
Asintió.
—Todavía falta mucho. Pero los médicos están satisfechos con la respuesta.
Lo abracé con tanta fuerza que empezó a reír.
—Cuidado, que sigo adolorido.
Aquella noche cenamos todos juntos.
Valentina le entregó otro dibujo.
Y Roberto lo colocó junto al primero, en la puerta de su refrigerador.
Lo que aprendí de aquellos tres días
Hoy, cuando recuerdo aquella pregunta de mi hija, todavía siento una mezcla de vergüenza y alivio.
Durante tres días imaginé una traición.
Pensé que mi esposa y mi mejor amigo habían destruido