cuestionar ciertos límites. Pero ese día, algo era diferente. La curiosidad superó el miedo silencioso con el que había aprendido a vivir.
El día anterior, ella había registrado su oficina.
Sin documentos. Sin dinero. Nada que explicara a dónde había ido o por qué se había vuelto tan distante. Solo el mismo objeto, envuelto cuidadosamente y colocado donde se guardan cosas importantes. Esa ausencia, de explicaciones, de normalidad, la preocupaba más que el objeto mismo.
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Cuando finalmente lo levantó del cajón, se dio cuenta