que la estábamos malcriando.

—Mamá, ¿por qué no me lo dijiste?

Elena bajó la mirada.

—Intenté mencionártelo por teléfono. Pero Mauricio estaba contigo y me dijiste que luego hablaríamos.

Recordé aquella conversación.

Él había tomado mi teléfono para comprobar quién llamaba.

Después me había dicho que mi madre estaba intentando interferir en nuestro matrimonio.

Sentí una vergüenza profunda.

Pero mi madre me tomó las manos.

—No tienes que explicarme nada. Vamos a concentrarnos en proteger a Valeria.

Aquella tarde, una especialista en atención infantil habló con mi hija en un