por una mujer que decía ser amiga de Mauricio.

Yo llegué unos minutos tarde.

La mujer me sonrió y dijo:

—No se preocupe, su esposo me pidió que esperara con ella.

Llevaba exactamente aquel collar.

Sentí que la sangre se me helaba.

—Esa mujer estuvo con mi hija.

El investigador levantó inmediatamente la mirada.

—¿Cuándo?

Le conté lo que recordaba.

Tomó notas y me pidió que no intentara contactar con ella.

Cuando salimos de la oficina, llamé a mi madre.

Necesitaba escuchar su voz.

Pero contestó después de varios tonos.