sospechas.
Ernesto le había enseñado que la verdad no necesitaba adornos.
Meses después el caso llegó a tribunales.
Teresa vio a Mauricio sentado junto a sus abogados.
Seguía siendo un hombre atractivo, bien vestido y educado.
Durante mucho tiempo eso había sido su mejor disfraz.
Camila había amado precisamente esa versión de él.
El hombre atento que recordaba cómo tomaba café.
El esposo que la llevaba al médico.
El yerno que jamás levantaba la voz.
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Teresa comprendió entonces algo terrible: algunas personas no